Entrevista con el lehendakari del Gobierno vasco 
Juan José Ibarretxe, por R.Urkitza

"Identidad, ciencia, tecnología y solidaridad,
este es el polinomio de futuro"


Está satisfecho con lo conseguido, pero ya está pensando en el futuro cercano. El lehendakari Juan José Ibarretxe no se detiene y lo hace con un mensaje de optimismo, porque confía en la sociedad vasca, que no se resigna y hace frente a los problemas, a la que ya avanza que deberá afrontar una segunda transformación económica. Junto a ello, sus esfuerzos se dirigen a la normalización del país y la erradicación de la violencia.
 
Es ésta una publicación que quiere hacer un recorrido por los diez últimos años, ¿cómo valora la evolución de nuestra situación económica?
Sin falsos triunfalismos, que nunca conducen a nada, el balance de nuestro desarrollo es positivo. Hemos pasado por momentos malos y, desde el punto de vista del empleo, aún tenemos muchas cosas que hacer. Como tenemos que seguir preocupándonos de que todos los jóvenes tengan la posibilidad de acceder a una vivienda digna. O que las personas mayores disfruten como se merecen de la vida. El Gobierno está preocupado por estos asuntos y les concede importancia: el empleo, el ofrecer una oportunidad a todos, que los vascos lleven una vida digna o el acceso a la vivienda. Hemos hecho grandes logros en temas como la Educación o la Sanidad, nuestras carreteras, nuestros museos, los palacios de congresos… Tenemos programas muy actualizados para cohesionar el territorio e invertir en las zonas más desfavorecidas. Creo, a pesar de todo, que nadie en su sano juicio puede decir que en este país se vive mal. Hemos conseguido, con el esfuerzo de todos, tener una sociedad avanzada, que presenta los rasgos característicos de los países más desarrollados. Económicamente crecemos por encima de la media de los países de nuestro entorno y el esfuerzo que han hecho empresarios y trabajadores para adaptarse a los retos tecnológicos es más que notable. Tenemos problemas, cosas en las que seguir trabajando para lograr una sociedad más justa y equilibrada, pero estamos en el buen camino.

Museo Guggenheim, Metro Bilbao, Palacio Kursaal, Artium, Aeropuerto de Loiu, Puerto de Bilbao, Bahías de Bizkaia... Son hoy nuestra tarjeta de visita en el mundo y hace diez años muy pocos creían en estos proyectos, ¿dónde está nuestra meta?
Efectivamente. Hace diez años pocos pensaban que seríamos capaces de hacer lo que hemos hecho. Algunos –mejor no recordar quiénes-, con una ironía insana, decían que sólo seríamos capaces de hacer un país de maquetas. Pues aquí estamos, siendo como usted dice una referencia en el Mundo. Nuestro progreso económico y social se estudia en Universidades como Harvard y se pone como ejemplo de cómo superar las dificultades en materia económica y social. De cómo alcanzar la modernidad. Nuestra meta está, por lo demás, donde nosotros la queramos poner. Y no somos un país que se resigna a perder lo que tiene, así que el futuro tiene que ser para que el conjunto de los vascos viva mejor y lleve una vida más digna y justa, desde todos los puntos de vista. Porque no merece la pena vivir en una sociedad si no es para cambiarla y tener el orgullo de comprobar que hemos dejado a nuestros hijos una sociedad mejor.

Hablaba en su reciente viaje a Estados Unidos de la necesidad de iniciar una segunda transformación económica en Euskadi, ¿en qué consistiría esa transformación?
El mundo en que vivimos está en permanente transformación. No valen ya las recetas del pasado. No sirve ya hacer un master y pensar que nos hemos preparado para toda nuestra vida. El aprendizaje es permanente. Cada día debemos levantarnos pensando en aprender una cosa nueva. Y esta actitud ante la vida es fundamental y básica. Nuestra primera transformación económica supuso superar la cultura del hierro y del acero. Hoy hacemos aviones y empresas vascas venden los mejores programas informáticos antivirus, por poner dos ejemplos. La segunda transformación nos enfrenta a la sociedad de la información y de las telecomunicaciones. Aquellos presagios de la aldea global son ya una realidad palpable. Han dejado de ser teorías. Y esta nueva sociedad que nos atrapa va a demandar de nosotros esfuerzos y trabajo. Y el progreso, el futuro, va a depender mucho de nuestra preparación para superar los retos que tenemos ya sobre nuestra mesa. Y deberemos superarlos, además, haciendo las cosas bien, con criterios de calidad. Creo que la clave está en ser capaces de satisfacer todo aquello que nos propongan y hacerlo mejor que los demás. No caer nunca en la resignación de decir ‘yo no sé hacer eso o no estoy preparado para aquello otro’. Estar siempre dispuesto a decir: muy bien, quizá ahora no sepa hacer esto, pero déjeme unos días y lo intentaré.

Apoyo y liderazgo son las actuaciones gubernamentales que han conseguido igualarnos con Europa, que nos han modernizado como sociedad, ¿por dónde van a ir las líneas maestras de la actuación del Gobierno vasco en materia socioeconómica para los próximos años?
Nuestros retos son seguir modernizando el país y dotándolo de las infraestructuras necesarias. Y no me refiero sólo a las viarias, como suele pensarse. A las infraestructuras desde todos los puntos de vista. Desde las telecomunicaciones hasta las que garantizarán cosas que ahora creemos inagotables, como el agua. Creo que una de las claves está en conseguir un progreso económico equilibrado junto con el desarrollo sostenible de nuestros recursos naturales. El crecimiento económico no puede superponerse al respeto de nuestro entorno natural. Otro reto importante será no perder nuestras señas de identidad: somos un país solidario y cohesionado, en el que la riqueza se redistribuye de forma equitativa y equilibrada, lo que ha permitido que las diferencias sociales en Euskadi no sean tan acentuadas como en otras partes del Mundo. Yo quiero que mi país crezca económicamente, que sea rico, pero también quiero que esa riqueza no se la repartan unos pocos y que alcance al conjunto de los ciudadanos. Identidad, ciencia, tecnología y solidaridad, éste es el polinomio del futuro.

En la modernización de Euskadi y su economía han tenido mucho que ver, además de las instituciones, los empresarios, trabajadores y sociedad en general, ¿es determinante ese papel activo, de no resignación, ante los problemas y los retos de nuestros agentes sociales?
Lo he comentado anteriormente. No es que sea sólo determinante: es fundamental. Este país lo hemos hecho con el esfuerzo de todos y lo vamos a seguir haciendo. En este país no hay lugar para la resignación, porque no nos gusta resignarnos. Nos gusta afrontar los retos y superarlos. Y este signo de vitalidad que caracteriza a los vascos y las vascas es una de las cosas de las que uno, como Lehendakari, se siente más orgulloso. Y cuando más orgullo produce es cuando viajas al exterior y compruebas la imagen que tenemos los vascos como pueblo serio y trabajador. 

¿Cómo valora la actitud y disposición de los empresarios en este trabajo colectivo de sacar el país adelante?
Los empresarios han tenido un papel muy importante en el progreso de nuestro país. Son personas que, en muchas ocasiones, han decidido quedarse aquí, invertir en Euskadi, teniendo la oportunidad de haberlo hecho en otros lugares. Y esta cultura de compromiso con su país les dignifica mucho. Máxime teniendo en cuenta problemas como el de la violencia. Otros hubieran arrojado la toalla y se habrían marchado. Nuestros empresarios, sin embargo, han permanecido y lo han hecho, además, con un esfuerzo permanente por hacer que sus empresas fueran más modernas y competitivas. Saben que cuentan con las instituciones de nuestro país y que el autogobierno que tenemos ha tenido mucho que ver en todo lo que hemos conseguido, porque siempre hemos estado cerca de ellos y ellos siempre han tenido una puerta cercana y abierta a la que dirigirse. Si me permite la expresión creo que hemos hecho las cosas como en una gran familia, porque tampoco podemos olvidar a muchos trabajadores que han arriesgado y han constituido sociedades anónimas laborales o cooperativas, que son un ejemplo en todo el Mundo.

A usted le gusta "poner cara y ojos" a los proyectos, tanto empresariales como de otro tipo, ¿la persona es centro de todas sus actuaciones?
Las personas son el núcleo de la sociedad. Nada se puede hacer sin las personas o a espaldas de los ciudadanos. Son como la savia que hace crecer árboles que llegan a ser centenarios. Las personas son el invento de este nuevo siglo. Yo suelo decir que cada vez que tengamos que tomar una decisión pensemos que las personas afectadas tienen cara y ojos. Viven junto a nosotros y les moja la misma lluvia y les da el mismo sol. Me parece importante no perder esta perspectiva. El desarrollo está bien, la riqueza está bien, pero deben tener cara y ojos.

Personas y carácter, ¿ahí está la clave del 'éxito vasco'?
Sí. Creo que es una buena definición la que hace. Y creo que define también muy bien a los vascos y las vascas. Personas con carácter y con ganas de conquistar el futuro. Que no se resignan ante nada.

¿Comparte la opinión de que un país pequeño como el nuestro, para poder seguir siendo una referencia debe especializarse en una actividad puntera y hacerlo además mejor que otros?
Creo que un país pequeño como el nuestro, precisamente por ello, no debe renunciar a nada. Hay quienes hace diez años planificaban un país de servicios, sin industria. Y el tiempo ha demostrado que aquello era un error. No creo que el futuro pase exclusivamente por las especializaciones, sino por hacer bien lo que se haga. Creo que no tenemos que renunciar a nada porque estamos preparados para afrontar los retos que sean precisos. Si hemos sido capaces de hacer aviones, cosa que jamás habíamos hecho, ¿por qué no vamos a poder hacer lo que queramos? Sólo hace falta que nos lo propongamos. Así de simple. 

En esa labor de liderazgo de la que hablábamos antes, la Administración vasca apostó por sectores claves en la actualidad, como la energía y las telecomunicaciones, que han dado sus frutos concretos, ¿la presencia pública se va a mantener en esos sectores o va a salir y va a apoyar nuevas áreas de crecimiento?
La labor del sector público es crear las condiciones necesarias y suficientes para garantizar una economía diversificada, apostando por las nuevas tecnologías y por los sectores económicos de futuro. Creando, en definitiva, las condiciones para que se produzca el desarrollo económico. Los Gobiernos tienen la responsabilidad de crear entornos donde la actividad económica y social sea factible y real. Y los Gobiernos no pueden ni deben suplantar a la sociedad en su responsabilidad de generar riqueza y progreso. Este paradigma me parece fundamental, porque en muchas ocasiones se confunden las responsabilidades de unos y otros. El Gobierno tiene la responsabilidad de servir a la sociedad y nunca debe caer en la tentación de sustituirla.

Pasando a cuestiones más políticas, nos acercamos al plazo fijado por usted, el próximo mes de septiembre, para presentar el articulado de su propuesta de normalización, ¿confía en sacar adelante su proyecto?
Anuncié que nos dábamos un año para debatir sobre esta propuesta. Lo hemos hecho, a pesar de que algunos, especialmente algunos partidos, se han negado a ello. Sólo han sabido criticar la propuesta, pero no conozco cuál es su alternativa. Cuando uno no está de acuerdo con algo, que es legítimo, tiene la responsabilidad de decir qué alternativa de futuro propone. Y no vale refugiarse en eslóganes como que se rompen las reglas de juego o que es un plan sólo para una parte de la sociedad. Los que dicen lo primero son precisamente los que no han respetado el Estatuto de Gernika, y han roto aquel acuerdo de forma unilateral. Los segundos se olvidan que el fundamento del plan es el acuerdo entre todos y que, finalmente, serán los ciudadanos los que decidan democráticamente. ¿Cómo puede decirse que la voluntad democráticamente expresada de los ciudadanos divide a los mismos? El articulado se presentará en otoño e iniciaremos un nuevo debate, que yo confío en que será útil como lo ha sido en la anterior fase, en la que más de 33.000 familias vascas han participado.

¿Cuál va a ser el 'timing' de su propuesta tras el debate de septiembre?
La propuesta se debatirá en el Parlamento y a éste corresponde decidir cómo se hará. Posteriormente, en su caso, será transmitida a la sociedad para que la conozca y la evalúe. Y le corresponde a ella y a sus fuerzas políticas, a los agentes económicos y sociales, a las asociaciones, a todos, estudiarla y proponer un debate, un análisis, porque las cosas las hacemos para que todos participen y para que todos ofrezcan su opinión, porque de las opiniones ajenas siempre se aprende algo. De los que no se aprende nada es de los que siempre dicen No a todo.

Tal como está el panorama político actual, ¿es su plan la única salida en positivo al conflicto vasco?
Nosotros, desde el Gobierno, hemos propuesto una salida. Una alternativa que cuenta, de salida, con el consenso de tres partidos políticos. Dos nacionalistas y uno federalista. Lo digo porque me llama la atención aquellos que se cansan de reclamar acuerdos que sólo pasan por lo que ellos piensan. La propuesta que en nombre del Gobierno he presentado tiene, por el momento, el mayor consenso que se conoce, ya que la comparten alrededor del 48 por ciento de los ciudadanos. Piense usted que Aznar gobierna con mayoría absoluta con el 44 por ciento de los votos. Así que no sé qué otra propuesta, por el momento, tiene un grado de consenso mayor. Si la hay, que se presente, porque la discutiremos de forma razonable y serena.

Pese a esta situación tan enconada, ¿contempla un escenario en el que tenga que retirar su propuesta o no pueda ser sometida al refrendo popular?
Yo, por mi carácter, soy contrario a pensar en negativo. Siempre procuro ver la cara más amable de las cosas y siempre me levanto pensando qué puedo hacer para que los problemas se solucionen. No sé exactamente qué será de esta propuesta concreta, pero sí sé que los vascos van a decidir democráticamente su futuro. Sea con esta alternativa o con otra. Eso es lo de menos, pero los vascos van a decidir su futuro y no van a dejar que nadie lo decida por ellos.

¿En qué basa su optimismo?
Mi optimismo es una necesidad vital para vivir. Me cuesta trabajo comprender a los pesimistas, a los que se levantan todos los días viéndolo todo negro, sin salidas, sin alternativas. Eso lleva a la decepción y a la resignación, porque da lo mismo lo que hagas: otros lo estropearán e impondrán su voluntad. Pues no. No da lo mismo lo que hagamos. Depende de nosotros, de cada uno de nosotros, lo que vaya a ser nuestro país. Nosotros somos los que vamos a decidir y para lograrlo debemos ser optimistas. Las botellas nunca están medio vacías, siempre están medio llenas. Debemos ilusionarnos con lo que tenemos para conseguir lo que anhelamos. Si en los últimos veinte años no hubiéramos actuado así hoy no seríamos lo que somos: un país al que mira mucha gente, especialmente en el exterior.