INDUSTRIA
    Por Maite Martínez y Mikel Sota 
 

El hierro vasco se 
transforma en
tecnología punta

Puede alguien imaginar actividad industrial pasada, presente o futura en el País Vasco sin la presencia del hierro? Desde los barcos que se construyen en los astilleros vascos, las máquinas-herramienta que se venden en el mercado mundial, pasando por las alas y las turbinas que surcan el cielo llevan el sello del preciado metal, germen de la industrialización vasca. La siderurgia ha sido y sigue siendo el vínculo de unión del resto de sectores de actividad. Reconversiones, crisis, y demás avatares no han hecho más que fortalecer el tejido empresarial vasco, que se ha adaptado a los cambios del mercado con el avance tecnológico, demostrando que sabe hacer mucho más que fabricar acero y barcos.

De 1993 a 2003, la industria vasca ha dado un importante salto cualitativo, convirtiéndose en un tejido industrial propio, saneado y competitivo, que ha apostado por la diversificación, la innovación, la calidad, la especialización tecnológica y la internacionalización. Estos motores han impulsado a las empresas industriales del País Vasco hasta alcanzar altas cotas de competitividad, dentro del mercado europeo y mundial. Una base sólida de pymes y empresas tractoras, con sectores estratégicos como siderurgia, bienes de equipo, máquina-herramienta, automoción, etc., junto a sectores de actividad de nueva creación como telecomunicaciones, energía, medio ambiente y aeronáutica, entre otros. Así lo entiende Jaime Fernández Alcedo, director gerente de la Federación Vizcaína de Empresas del Metal (FVEM): "En 1993 la situación general presentaba una visión oscura, ya que muchas empresas estaban en proceso de reconversión; pero ese panorama en el que parecía que todo el sector del metal iba a desaparecer, cambió. Unas empresas se fueron adaptando y otras exploraron nuevos mercados dando lugar a la creación de nuevos sectores en el País Vasco como la aeronáutica, un sector de automoción fortalecido, etc., a través de la incorporación de tecnología innovadora a productos tradicionales; todo esto ha hecho que el metal ocupe, hoy en día, una posición pujante como sector ".
Según el informe 'Economía Vasca. Evolución Sectorial (1976-2001)' realizado por Caja Laboral, en la actividad siderúrgica desarrollada en el País Vasco se han producido importantes y profundos cambios, entre los que destaca el continuo progreso en las tecnologías de la producción y los cambios en la gestión empresarial, propiciando la mejora en la productividad sectorial y el cambio en los actores del sector, dominado en la actualidad por conglomerados internacionales. Hoy en día, el sector se define por la capacidad de producción de productos básicos de hierro y acero y la incorporación de nuevos subproductos en su tratamiento y presentación, lo que supone un movimiento hacia productos de mayor valor añadido. El principal cambio acontecido en el sector siderúrgico entre 1993 y 2003 tiene que ver con la pérdida de empleo, la desaparición de algunas grandes empresas y el cambio en la titularidad de las existentes. Los sectores destinatarios de la producción siderúrgica vasca siguen siendo, básicamente, los mismos: construcción, naval, automoción y bienes de inversión.

ACB, principal novedad
Como única novedad empresarial destaca la Acería Compacta de Bizkaia (ACB), que inició la actividad en 1997, pero desaparecen empresas como Altos Hornos de Vizcaya (AHV), empresa a la que sustituyó, y Victorio Luzuriaga; es decir, se trata de una actividad reconvertida que ha hecho que las empresas vascas formen grupos como Arcelor (Aceros Olaberría, Aristráin, Esteban Orbegozo), Grupo Siderúrgico Vasco (Afora), Sidenor, Tubacex y Tubos Reunidos, y que mantiene a la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) como un núcleo de actividad siderúrgica de cabecera. En esa reconversión puede decirse que el núcleo de Aceralia, GSB y Sidenor son las empresas emblemáticas de la siderurgia vasca de los años 70, sólo que adecuadas a un nuevo contexto de venta y producción.
La actividad de la siderurgia (integral y no integral) en la CAV pasa por la evolución de los nombres de grandes empresas y se resume en el cambio de Altos Hornos de Vizcaya (AHV) a ACB y Arcelor (resultado de la unión de Aceralia, la luxemburguesa Arbed y la francesa Usinor): un ajuste productivo, tecnológico y laboral. Pero el cambio más relevante en la actividad siderúrgica integral ha sido el realizado en el proceso productivo: del alto horno y alta ocupación laboral (4,4 millones de toneladas producidas y 12.680 personas) al horno de arco eléctrico (un millón de Tm. con apenas 200 personas). Por su parte, el sector de aceros especiales, área en que las firmas vascas producen el 90% de lo fabricado en el Estado, fue objeto de un plan de reconversión; en la actualidad, incluye a Acerías y Forjas de Azkoitia y al Grupo Sidenor, iniciativas empresariales definidas a partir de los noventa y que han desarrollado las estrategias de posición en el sector en términos de producto, tecnologías y toma de participación en otras empresas. En tubos sin soldadura, el tejido empresarial oferente está integrado por Tubacex y Tubos Reunidos (que integró a Productos Tubulares), compañías que asumieron en 1995 la reconversión sectorial y la propia como iniciativa empresarial. La evolución de los resultados empresariales a partir de 1994 ha sido positiva y ambos grupos cuentan con una importante cartera exterior, con más de 50 destinos diferentes y una clara posición internacional.

Líder de la modernización
Otra actividad industrial estratégica de la CAV con gran presencia en el mercado internacional (el 71% de sus empresas es exportadora) es la máquina-herramienta, que representa, hoy en día, el 80% de la producción total del Estado y ocupa a 5.000 personas, con más de 4.000 empleos indirectos. Sus clientes son las principales multinacionales aeronáuticas y de automoción. La fabricación de máquinas-herramienta ha desempeñado un papel fundamental en el proceso de desarrollo industrial del País Vasco, participando de manera activa en la modernización de su aparato productivo. Las empresas vascas se organizan en torno a la Asociación de Fabricantes de Máquina-Herramienta (AFM). En la última década, el sector de máquina-herramienta ha estado marcado por el carácter cíclico de la demanda y de la producción. Así, entre 1991 y 1994 se registró una fuerte reducción de la producción derivada del descenso de las ventas en los mercados exteriores e interiores. En este contexto, las ayudas para la reestructuración de Gobierno vasco y Diputaciones contribuyeron a encontrar una salida a la delicada situación por la que atravesaba la industria en general y el sector de máquina-herramienta, en particular; mientras la crisis mundial provocaba la caída de las inversiones en maquinaria en los países más industrializados. Si 1993 fue el peor año de los últimos ejercicios para la máquina-herramienta, 1994 significó el final de una trayectoria descendente ya que se inició la recuperación de la actividad, debido al crecimiento de las exportaciones. Ya en 1995, el proceso de reordenación del sector se asentó y se obtuvo un incremento de la producción cifrado en un 37%. El sector continuó con su proceso de internacionalización para aprovechar la reactivación y las oportunidades de negocio en países emergentes. En la actualidad y tras ocho años de crecimiento continuado, la producción ha caído en el ejercicio 2002.

Innovación a medida
En el ámbito tecnológico, la experiencia de años compitiendo en los mercados internacionales ha imprimido en el sector de máquina-herramienta la importancia de facilitar a cada usuario soluciones personalizadas para su proceso productivo: fabricante y usuario están cada vez más integrados en los proyectos de concepción, desarrollo, operatividad, prestaciones de las máquinas y en todo el proceso innovador necesario para mejorar la competitividad. El sector, consciente de la evolución e innovación tecnológica, ha tenido en cuenta la preparación y la captación de personas para atender sus necesidades. Así, AFM y sus empresas e instituciones promovieron la creación de un Centro de Formación Técnico, específico para máquina-herramienta, que se ha convertido en un modelo internacional a seguir y que cumple diez años de actividad. Además, uno de los motivos que fundamentan el éxito de la máquina-herramienta vasca es su fuerte apuesta por la innovación y el desarrollo tecnológico (el 5% del negocio): más de un 60% del valor de la producción corresponde a máquinas que incorporan las más avanzadas tecnologías con la incorporación de la automática y la electrónica (control numérico). En esta apuesta continua se sustenta la creación en 1968 de la Asociación de Investigación industrial de la Máquina-herramienta (Invema), 'brazo' tecnológico de AFM. Otro 'miembro' de importancia para el sector vasco es la Feria Bienal de la máquina-herramienta, escaparate internacional de las innovaciones tecnológicas del sector que se celebra en Bilbao.

La eterna privatización de B&W
Quizá el sector que ha sufrido más cambios y varapalos en los últimos diez años ha sido el sector de bienes de equipo vasco. Entre ellos, la desaparición de Mecánica de la Peña (a pesar de la 'inyección' económica del grupo noruego Kvaerner) y la malograda supervivencia de la mítica Babcock Wilcox Española (B&W) en medio de su interminable privatización. Otros empresas continúan en el mercado como ABB, CAF, Ramón Vizcaíno, Ormazabal, Ingelectric y Lagun Artea, entre otras. Pero no siempre ha sido así; en el año 1994, el sector de bienes de equipo vasco competía con éxito en un mercado internacional centrado en los países emergentes (Latinoamérica, Indonesia, Arabia Saudí, China, etc). Mecánica de la Peña, en pleno crecimiento, formaba consorcios con multinacionales como Foster Wheeler, Toshiba, ABB, etc, y acuerdos de colaboración tecnológica. En esos momentos, B&W se planteaba una reorganización interna basada en una mayor especialización de sus filiales, para hacer frente a los cambios en la demanda del mercado de bienes de equipo. 
En la última década, la evolución del sector ha estado marcada por dos factores estructurales: la internacionalización de los mercados, con el desplazamiento de la demanda de los países desarrollados a los emergentes, y la revolución tecnológica. La necesidad de conquistar nuevos mercados con exigencias técnicas (control de emisiones, materiales avanzados, instalaciones complejas, etc,) ha exigido una apuesta constante por la innovación, sobre todo en el campo del medio ambiente. En pleno 2003, la mitad de las empresas del sector español de bienes de equipo se ubica en Euskadi y más de 250 empresas dedican su actividad principal a la fabricación de grandes bienes de equipo mecánicos, eléctricos y equipamiento ferroviario. De hecho, es uno de los sectores en los que la CAV cuenta con gran experiencia en el desarrollo de proyectos industriales y de infraestructuras 'llave en mano' en el mercado internacional.

Automoción globalizada
Un tejido industrial compuesto por más de 260 empresas y 46.000 personas dedicadas a la automoción convierte al País Vasco en una región especializada en el sector. No en vano, la actividad representa el 2,5% del total del sector europeo y más del 30% del español, además representa el 25% del PIB vasco, si se incluye al constructor Daimler-Chrysler y al carrocero Irizar. Y es que el sector vasco proveedor de automoción ha conseguido mantener una tendencia de crecimiento continuado en los últimos años, hasta ver su facturación duplicada entre 1994 y 2001.
El proceso de globalización ha marcado profundamente al sector y ha supuesto un proceso de cambio en su industria auxiliar, con la internacionalización junto al fabricante como el reto más importante. La gran mayoría de las empresas proveedoras vascas eran pymes y la evolución del sector tendía hacia su redimensionamiento: en 2001, el 37% de las empresas tenía más de 100 trabajadores frente a un 24,4% en 1994 y un 32,9% en 1998; además el grupo de empresas de más de 250 empleados sigue mostrando síntomas de crecimiento, representando un 16,3% en 1994 y un 25% en 2001. De esa manera, el aumento de la dimensión empresarial se convierte en una necesidad estratégica para los proveedores del sector que se enfrentan a nuevos retos, como asumir mayor protagonismo en la cadena productiva. En estos últimos diez años, la innovación tecnológica, las alianzas, los acuerdos de colaboración, las fusiones y adquisiciones muestran un panorama cambiante en el sector auxiliar, en el que ha participado la industria proveedora vasca.

Diez años de ACICAE
Precisamente, el Cluster de Automoción de Euskadi-Acicae cumple también su décimo aniversario (7 de junio de 1993). El director general de Acicae, Antonio Reche, recuerda el escepticismo generalizado de aquellos años cuando el Gobierno vasco establecía la Política Industrial 1991-1995 para revitalizar el tejido industrial de la CAV con, entre otros instrumentos, la metodología 'cluster'. En el caso de Acicae 12 empresas iniciaron un camino con el objetivo de mejorar la competitividad de las empresas y promover la cooperación. "En su primera década de vida Acicae ha alcanzado metas impensadas en los orígenes. Los datos económicos de las empresas del Cluster presentan, en general, indicadores muy positivos; la cooperación entre las empresas se ha incrementado notablemente; la implantación de sistemas avanzados de gestión bajo modelos de Calidad Total es un hecho, etc.", asegura Antonio Reche. En la actualidad, a las tendencias tradicionales del sector de automoción como adaptabilidad al cliente, globalización-localización, reducción de costes, aportación de mayor valor para el cliente, se añade las regulaciones de distintos organismos internacionales y locales. Por otro lado, a pesar de la positiva evolución y la consolidación como una industria competitiva, la asignatura pendiente del sector es el reducido nivel de inversión, sobre todo en I+D, en comparación con los países líderes. El incremento de la inversión junto con la consolidación de la internacionalización y la apuesta por los procesos de cooperación interempresarial serán claves en el desarrollo de las empresas del sector de automoción en los próximos años, todo ello con una visión estratégica a largo plazo.

Sector de altos vuelos
De la adaptación del tejido industrial vasco a los nuevos tiempos surge la industria aeronáutica vasca. Este sector emergente y joven tiene en Gamesa, ITP y Sener a las empresas tractoras, mientras las restantes compañías actúan en calidad de proveedores cualificados. Pero, ¿cómo surge este sector? En 1992 el Gobierno vasco, en el marco del Programa de Competitividad, encarga a Monitor-Sener un estudio sobre la competitividad de la industria aeronáutica en la CAV. En 1993, el Gobierno invita a las empresas más cercanas a la industria a participar en el Cluster y comienza a funcionar el comité de tecnología del Cluster, reuniendo a las empresas tractoras, los centros tecnológicos, la Universidad del País Vasco, la SPRI y el Departamento de Industria. En 1997 se constituye la Asociación Cluster de Aeronáutica del País Vasco-Hegan, con las firmas tractoras como socios fundadores. Hegan nace con el objetivo de promover el desarrollo de un tejido industrial consolidado, competitivo y con proyección de futuro y establecer políticas comunes que potencien a las empresas, individual y colectivamente, entre otras funciones. En 1998 se edita el Plan Tecnológico del Cluster, se incorporan 11 empresas suministradoras (pymes) y se firma un convenio de colaboración con el departamento de Industria del Gobierno vasco. De esta manera, el Centro Tecnológico Aeronáutico (CTA) nace en 1999 y se especializa en tecnologías de ensayo y certificaciones aeronáuticas, actividad necesaria para resultar competitivo en los mercados internacionales. Desde sus inicios, el sector aeronáutico vasco no ha dejado de crecer con contratos con compañías de prestigio mundial, recibiendo el primer parón con la crisis surtida a partir del fatídico atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001.

Naval, sector emblemático vasco
La industria naval es, como la siderurgia, un sector emblemático del tejido económico vasco y, especialmente, de Bizkaia (concentrada en la ría de Bilbao), tanto por su aportación directa como por sus efectos de arrastre sobre la industria auxiliar. Así, a lo largo de los años se creó una estructura industrial y comercial que supuso el desarrollo de una flota mercante y pesquera punteras en el mundo, una industria constructora que compite internacionalmente y una industria auxiliar de alto nivel tecnológico y con capacidad para abastecer a los astilleros. Durante el periodo 1993-2003, la industria naval vasca ha continuado con el proceso de recuperación en el que estaba inmersa, tras una larga crisis con varias reconversiones (Euskalduna, La Naval y ARN) que supusieron la perdida de más de 21.000 empleos. A lo largo de la citada década, se ha mantenido estable el empleo, entre 7.500 directos y 17.000 inducidos, con lo que se ha estabilizado el sector hasta ser considerado estratégico en Euskadi.
De un reciente estudio elaborado por la Asociación de Industrias Marítimas de Euskadi (Adimde) con apoyo de la Diputación Foral de Bizkaia, se desprende que el sector sigue teniendo un peso muy importante en la economía del País Vasco, con un tejido empresarial que mueve un negocio de 1.000 millones de euros de forma directa (datos del ejercicio 2000) y con una facturación total, incluyendo todos sus sectores de actividad, de 2.217 millones. Estas cifras suponen en cuanto a la facturación directa el 2,41% del PIB de la CAV, y el 5,46% del PIB, con la facturación total. En la última década el sector naval, y sobre todo los astilleros, se ha convertido en industrias de síntesis, desprendiéndose de actividades ajenas al núcleo de su negocio para convertirse en comercializador y organizador de la construcción. Mientras, ha dejado a los subcontratistas el diseño, suministro e instalación de componentes a los buques tales como motores, bombas, electricidad, válvulas, calderas, equipos de navegación, etc., aportación que supone entre el 50% y el 70% del valor del buque. De aquí, que la industria auxiliar vasca sea tan potente. Además, la industria naval se ha consolidado en el mercado nacional e internacional con productos y marcas propias y con la construcción de barcos de alta tecnología y calidad.

Tecnología a toda máquina
La transformación de Astilleros Españoles S.A. (Aesa) en Izar supuso la introducción en el mercado de la construcción de barcos para el transporte de gas natural licuado, buques gaseros LNG, actividad que ha dado un nuevo impulso a la industria naval en Euskadi. El transporte de gas licuado por vía marítima es un mercado en crecimiento y con iguales perspectivas para los próximos años. Dado el alto valor tecnológico que hay que desarrollar para la construcción de estos buques, son muy pocos los astilleros capaces de optar por este tipo de mercado. En la actualidad, existe una gran expectación por los nuevos contratos a los que Izar opta (asfalteros, petroleros y gaseros LNG, principalmente), ya que el astillero vizcaíno es el principal tractor de la industria marítima de la CAV. La firma de los citados contratos supondría una carga de trabajo para los próximos tres o cinco años, a lo que habría que sumar los contratos de los astilleros privados. En la actualidad son cinco los astilleros que se dedican a la construcción de barcos en Euskadi: Astilleros Zamakona, Astilleros Balenciaga, Astilleros Murueta, Astilleros de Pasaia e Izar-Sestao.
Pero un hito fundamental para el impulso del sector naval en Euskadi ha sido el nacimiento de Adimde, que cumple 10 años de su constitución, con el objetivo de fomentar la cultura marítima en Euskadi y aglutinar los intereses de los asociados. Posteriormente, a finales de 1997 se crea el Foro Marítimo Vasco (FMV), como un lugar de encuentro de todos los agentes de la industria marítima vasca para el desarrollo de acciones que mejoren su competitividad. Hoy en día, el principal problema al que se enfrenta la industria naval es el derivado de la competencia de los países del este asiático, que ha colocado al sector europeo en situación crítica debido a sus políticas agresivas de precios. Corea, en especial, se dedica a la construcción de buques de gran tonelaje y es competencia directa de Izar-Sestao. En definitiva, el sector naval ha evolucionado de manera positiva en la última década recuperándose de una importante crisis y sigue siendo competitivo en el mercado nacional e internacional gracias a su avanzada tecnología. A futuro está el Plan de Política Interinstitucional 2000-2003, que considera la actividad del sector naval como estratégica y prioritaria, y el plan de renovación de la flota vasca, que prevé que hasta 2006 se construyan cerca de 200 nuevos barcos de pesca, lo que precisará inversiones y propiciará una importante carga de trabajo para los astilleros vascos y su industria auxiliar.
 
 

TECNOLOGIA HACIA LAS SINERGIAS INVESTIGADORAS
La Comunidad Autónoma Vasca (CAV) destinó 240 millones de euros a actividades de Investigación y Desarrollo (I+D) en el año 1992, un 1,13% de su Producto Interior Bruto (PIB). De todo ese dinero, el porcentaje mayoritario, un 82%, era desembolsado por las propias empresas, mientras que el 12% correspondía a la actividad investigadora de la universidad y el resto, a diferentes organismos públicos dependientes de la Administración. Desde entonces, la evolución ha sido constante. Los últimos datos que se conocen se refieren a 2001, año en el que el gasto en I+D vasco ascendió a 619 millones de euros, un 1,49% sobre el PIB. Salvo contadas excepciones, el tamaño ha importado todos estos años a la hora de invertir, ya que la grandes empresas tienen una capacidad mayor para destinar una parte a la investigación. Pero el tejido empresarial vasco está conformado en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas que tienen que hacer un gran esfuerzo para mimar el I+D que les proporcionará futuro por encima de las ventas presentes. Las propias limitaciones de sus cuentas les deriva indefectiblemente hacia los centros tecnológicos, nichos de transferencia tecnológica, como fórmula para avanzar tecnológicamente.
La Asociación Vasca de Centros de Investigación Tecnológica, Eite, lleva más de una década adaptándose a las necesidades empresariales para llenar el vacío investigador con el objetivo del desarrollo económico y social del País Vasco mediante el uso de la tecnología como herramienta básica de competitividad empresarial. Los ocho centros tecnológicos de Eite (Ceit, Gaiker, Ikerlan, Inasmet, Labein, Leia, Robotiker y Tekniker) se han convertido en el principal grupo privado de investigación aplicada del Estado y uno de los más destacados de Europa. El objetivo de esos centros y otros como la corporación Tecnalia, Fraunhofer, Ceit, etc, es fomentar la innovación tecnológica en las empresas para mejorar su competitividad. Además, desarrollan proyectos de I+D, ofrecen servicios tecnológicos, certificados, homologaciones e incluso cursos de formación. Su éxito representa el éxito de cada uno de sus centros asociados y la capacidad de integrar intereses comunes. En este sentido, la corporación Tecnalia ha venido ha dotar de dimensión suficiente a los centros tecnológicos para poder competir en un mercado global europeo.
Sin embargo, la investigación no sólo se dirige hacia la propia comunidad o el Estado, sino que compite dentro de los programas europeos, en los programas Marco de Investigación y Desarrollo de la Unión Europea, donde cada vez se es más capaz de liderar proyectos en competencia directa con otros centros tecnológicos públicos y privados.
Todos estos avances tecnológicos van acompañados por un apoyo gubernamental, reforzando e incrementando la demanda tecnológica de los cluster y las empresas, consolidando la oferta de la red vasca de tecnología y con subvenciones directas. Las nuevas tecnologías han representado un fuerte avance para los centros tecnológicos. Se ha producido la internacionalización y globalización de la ciencia. La tecnología se desarrolla a medida que se fomentan las redes supranacionales y las alianzas entre las empresas.
El Gobierno vasco, consciente de la importancia del avance tecnológico para la empresa y la sociedad en general, ha aprobado el Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación 2001-2004, con un presupuesto de 615 millones de euros, para acelerar el proceso de convergencia tecnológica con Europa y lograr en el año 2004 un esfuerzo inversor en I+D del 1,7% sobre el PIB. Gracias a todas las ayudas y sinergias, las empresas son conscientes de que su competitividad pasa por la mejora tecnológica, por estar siempre más cerca de la vanguardia productiva. Además del plan general, el gobierno autonómico ha decidido impulsar de manera específica sectores incipientes como la biociencia, que auspicia un gran crecimiento de cara al futuro. La biotecnología espera duplicar en seis años el número de empresas en el País Vasco y llegar a 40 compañías, gracias al plan Biobask 2010, que cuenta con un presupuesto de 177 millones de euros.

 
 
 
 
LAS EMPRESAS Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE
Un sector inexistente o testimonial daba sus primeros pasos en los albores de la década de los años 90. Términos como desarrollo sostenible o ecoindustria extraían sonrisas, en el mejor de los casos, a los empresarios, más preocupados por sacar adelante sus empresas que por las consecuencias medioambientales que generaba el proceso productivo. Invertir en una producción limpia, depurar los residuos, minimizarlos o controlar la contaminación eran elementos que costaban un dinero que el empresario no estaba dispuesto a desembolsar.
La puesta en común de un grupo de empresas, impulsadas por la acción estratégica del Gobierno vasco dio como consecuencia el nacimiento de la Asociación Cluster de Industrias de Medio Ambiente de Euskadi (Aclima). Poco a poco, la mejora en las cuentas de las empresas y el declive de la crisis ha provocado que las empresas se sensibilicen en ese terreno. El tejido empresarial absorbe ya el desarrollo sostenible no como algo opcional, sino como un elemento más del proceso de producción, como un valor añadido que le pone por delante de la competencia no preocupada mediambientalmente. Todo ello, ha provocado el surgimiento de un nuevo sector, la industria vasca de medio ambiente, que factura anualmente unos 982 millones de euros, lo que representa algo más del 2% del PIB vasco.
Los últimos datos de Ihobe indican que el 70% de las empresas de la Comunidad Autónoma Vasca participan en los diferentes programas de mejora ambiental promovidos por esta sociedad pública. De ellas, 358 empresas han obtenido la certificación medioambiental ISO 14001. Esto significa que la CAV se ha logrado situar en el primer puesto a escala mundial en relación al Producto Interior Bruto (PIB) en cuanto a este tipo de certificaciones por número de habitante.
Esta mayor participación y preocupación empresarial por el desarrollo sostenible se ha visto acompañada por la acción de una Administración vasca que pone los medios por delante de las necesidades de las empresas. Ihobe, por ejemplo, recoge la demanda industrial a través de 12 organizaciones y 1.800 empresas colaboradoras para dar respuesta y soluciones a medida a los problemas de las industrias.
Las empresas no se encuentran solas en este camino y tienen a su disposición planes de acción ambiental como el Ekoscan, los grupos Talde ISO-14 para certificarse medioambientalmente o la formación ambiental.
Todo ello, genera la Estrategia de Sostenibilidad Ambiental de la CAV 2002-2020. Este documento, aprobado por el Consejo de Gobierno en Gasteiz, establece las bases de un nuevo modelo de desarrollo sostenible. Se trata de armonizar el crecimiento económico con el medio ambiente logrando un compromiso entre todos los agentes implicados en el desarrollo del proceso productivo.
El Ecobarómetro industrial de la CAV 2002 destacaba que un 90% de la industria vasca llevó a cabo, en los dos años anteriores, alguna práctica de mejora ambiental. Es cierto que la mayor parte lo han hecho requeridas por el cumplimiento de la legislación, pero también hay que reconocer que las cuentas de las empresas ya empiezan a contemplar otra forma de producir sin dañar el medio ambiente. Empiezan a preocuparse por la imagen de la empresa en ese terreno e incluso algunos no tienen empaque en advertir su propio compromiso con el desarrollo sostenible. Es de destacar que aunque la figura del representante medioambiental sólo existe en poco más del 12% de las empresas industriales, el 100% de ellas adjudican esta responsabilidad a algún cargo dentro de la estructura empresarial. Curiosamente, suele coincidir con la persona responsable de la calidad.

 
 
 
LA EXPANSION INTERNACIONAL DE MCC
Los diez últimos años de Mondragón Corporación Cooperativa han representado la expansión internacional del principal grupo empresarial del País Vasco. Pero esa 'expansión' no ha conllevado el característico 'apellido' capitalista de cualquier multinacional, sino una realidad empresarial creada por y para las personas, con un fuerte compromiso con el entorno y la innovación. El holding ha crecido estos años con la fuerza que le confiere el aprovechamiento de las sinergias de cada una de las más de 150 empresas del grupo y de sus centros de formación e investigación.
En la década de los años 90, el presidente del consejo general de MCC, Javier Mongelos, esperaba consolidar y reactivar la 'maltrecha' división industrial gracias a la participación del grupo en el proyecto para la construcción de la entonces famosa planta de Volkswagen en Amorebieta. El incipiente consorcio inversor vasco estaba integrado por la propia MCC, junto al BBV, Iberdrola, BCH, BBK y un grupo de empresas relacionadas con el sector de la automoción. El ‘gurú’ vasco de aquellos años, Iñaki López de Arriortua, dejaba la General Motors y fichaba por los alemanes. Se preparaba para convertirse en profeta en su tierra levantándose cada día una hora antes que sus competidores, para estar en plena faena mientras los demás se desperezaban. No lo consiguió. Eran tiempos en los que la división industrial de MCC perdía terreno en favor de la distribución y de las actividades financieras en la misma forma que la crisis se instalaba en las cooperativas industriales. Eroski y Caja Laboral eran los arietes del crecimiento e inversión del grupo. En esa época de 1992, el total de ventas del grupo MCC ascendió a 2.386,89 millones de euros, con una plantilla de 25.322 personas.
Los siguientes años marcaron la internacionalización del grupo. MCC se dio cuenta muy rápidamente de que no se podía permitir que la coyuntura del entorno modulara las cuentas anuales y se lanzó de forma pausada pero sin descanso a la internacionalización en Marruecos, China, Brasil, Estados Unidos...
Antonio Cancelo sustituyó a Mongelos, y continuó con la línea férreamente marcada. Se crea Mondragon Unibertsitatea, una universidad privada orientada a satisfacer las necesidades de la empresa. Pretende dar una formación integral a los alumnos lo más cercana que se pueda a la realidad empresarial. Se trata de una forma de crear sinergias, continuamente, entre lo que necesita la empresa y el futuro trabajador. Los convenios con el Gobierno vasco ayudan a la formulación de planes de empleo en el grupo cooperativista; los acuerdos con la Universidad del País Vasco imbrican al grupo con la universidad pública. Potencia la investigación y la innovación como forma de proporcionar valor añadido al producto generado. 
MCC Desarrollo inicia su andadura como sociedad de promoción de empresas impulsada por el Gobierno vasco, el grupo cooperativista y varias entidades financieras.
La situación del mundo laboral generaba diariamente noticias negativas y el paro se incrementaba sin solución de continuidad, Cancelo ponía de relieve que el desempleo "debe provocar escalofríos a poca sensibilidad que se tenga". El empleo ha sido siempre una de las mayores preocupaciones del grupo cooperativo vasco, consciente de que la fuerza de la empresa no es sino su mano de obra, a la que hay que dotar de la mejor preparación y la máxima competitividad. En ese sentido, los datos del año 2002 dan la verdadera dimensión del grupo que ha visto cómo la plantilla de MCC alcanzaba las 67.000 personas, con unas ventas de 9.200 millones de euros.
La continuación del proceso de internacionalización conllevó durante la última parte de la década de los 90 la preocupación por no perder las señas de identidad del movimiento cooperativo en un mundo globalizado. Para vender en el exterior te tienen que conocer, en primer lugar, y apreciar tu marca, en segundo. La industria vasca estaba escasamente identificada en el resto del mundo. A pesar de ello, el grupo se marcaba como objetivo que en el año 2000 el 55% de su negocio industrial proviniera del exterior. Los últimos datos de MCC, con Jesús Catania como sustituto de Cancelo, han dado la razón a la maniobra de internacionalizar la producción y unos mercados han soportado las caídas espectaculares de otros.

 
 
 

DEL PETROLEO AL GAS NATURAL
La forma de producción de energía ha dado un giro radical en los últimos 10 años. Mientras la década se iniciaba con la desaparición del monopolio de Campsa y la consiguiente liberalización de las gasolinas, Petronor ponía en marcha una planta de cogeneración con la que ahorrar el 50% de la energía primaria que consumía. El País Vasco daba pasos firmes para reconvertir el sector, modernizarlo y situarlo a la vanguardia tecnológica.
Proyectos como el plan 3E 2000 Estrategia Energética de Euskadi reflejaban la apuesta clara del Ejecutivo vasco por el gas natural y las energía renovables como forma de producir electricidad. Todo ello, acompañado por la obsesión del ahorro energético, recordando que el kilovatio más barato es el que no se consume. La lógica evolución nos ha llevado a mudar una parte de nuestra dependencia desde el petróleo y sus derivados hacia el gas natural, teniendo en cuenta los criterios de eficiencia energética. Afortunadamente, estas decisiones se tomaron con visión de futuro, cuando el barril de petróleo estaba a 15 dólares, casi la mitad del precio actual y antes de que se desatara una nueva guerra en el Golfo Pérsico. Eran tiempos en los que la compañía vasca Iberdrola generaba el 27% de la electricidad producida en España, pero el País Vasco sólo lograba producir el 10% de la energía que consumía, en clara dependencia de la fuerte actividad industrial.
El sector energético, de gran capacidad tractora para el tejido económico vasco, se propuso, con la ayuda decidida del Gobierno vasco, el objetivo de controlar y reducir la intensidad energética o energía utilizada por unidad del PIB producido. Se trataba de reducir la dependencia y profundizar en la diversificación energética, mejorando las garantías de suministro y aminorando el impacto ambiental. De esa manera, se podría llegar al nuevo milenio en las mejores condiciones para ser, de nuevo, el elemento motor de la economía vasca.
Sin pausa, se han ido sustituyendo los combustibles tradicionales en el proceso de generación eléctrica. Se trata de 'menos petróleo, menos carbón' y aprovechar cualquier recurso para generar electricidad, desde los aerogeneradores a las centrales hidráulicas, pasando por las plantas de cogeneración y las incineradoras, que tratan residuos a la vez que vierten electricidad a la red. Actualmente el gas natural, de gran penetración en el sector doméstico, se destaca en la capacidad de generación en el sector industrial. El gas natural es utilizado como combustible en las centrales de ciclo combinado, como la que Bizkaia Energía construye en Amorebieta y el complejo Bahía de Bizkaia, cuya parte generadora de electricidad ya ha entrado en funcionamiento mientras que la regasificadora lo hará antes de fin de año. Este proyecto estratégico vasco, financiado a partes iguales por EVE, British Petroleum, Iberdrola y Repsol YPF, garantiza el suministro energético de gas natural e incrementa la competitividad energético-industrial acercando los centros de producción y demanda de energía.
Podemos decir que el paso decisivo del nuevo milenio ha sido el complejo Bahía de Bizkaia, donde se han implicado de manera decidida EVE, Repsol YPF, Iberdrola y BP. Además del indudable efecto tractor en la industria auxiliar vasca que ha tenido la construcción de la regasificadora y la planta de ciclo combinado para la generación eléctrica, la puesta en marcha del mayor proyecto energético industrial del País Vasco va a lograr la mejora de la capacidad vasca de autoabastecimiento, ya que con ese proyecto se consigue pasar del 25% al 55%. Representa un salto cualitativo y cuantitativo, ya que se garantiza el suministro eléctrico. También convierte al País Vasco en una puerta de entrada de gas natural por el norte y a todo el arco atlántico europeo. Además, representa una reducción notable de las emisiones contaminantes a la atmósfera por la tecnología con que se han dotado las instalaciones. Los 640 millones invertidos en Bahías son la punta de lanza de las nuevas instalaciones generadores en Euskadi. A esta planta se sumará la de Zabalgarbi y la que Bizkaia Energía ha comenzado a construir en Amorebieta y que entrará en servicio a finales del año 2005.