MANAGEMENT
Por Beatriz Itza

La transición de 
la Sociedad 
Industrial a la 
Sociedad del 
Conocimiento

Entramos en una nueva era que precisa de un nuevo paradigma”, afirmaba en 1997 José Ignacio López de Arriortúa. Firme defensor de la persona y su creatividad como núcleo principal de toda organización, el ingeniero de Amorebieta venía a poner de manifiesto algo que incluso los grandes gurús de la reingeniería norteamericana, hasta entonces obsesionados por obtener siempre la máxima rentabilidad, habían dejado pasar por alto, esto es, que el hombre y su inteligencia constituyen el principal activo de la empresa. A las puertas del siglo XXI, las reglas de juego del entorno empresarial habían iniciado el cambio. Y sus jugadores también. Conocimiento, internacionalización, innovación y tecnología se perfilaban como las claves de una nueva gestión empresarial orientada a la excelencia.

El bajo nivel de formación y la escasa cualificación profesional de la mano de obra determinaron la forma de gestionar la empresa y sus recursos humanos en el arranque de la sociedad industrial. El posterior desarrollo de la industrialización hizo patente la necesidad de nuevos perfiles profesionales más cualificados y más involucrados en los objetivos de la empresa. La rueda siguió girando y cobrando cada vez mayor velocidad sin detenerse siquiera en la crisis económica mundial de los 80, hasta entrar de lleno en la revolución tecnológica de los 90. La irrupción de las nuevas tecnologías arrasó todo lo existente hasta el momento, enterrando la ‘era industrial’ para abrir paso a una nueva ‘era de la Información y del Conocimiento’ y a una nueva casta de profesionales, denominados ‘Trabajadores del Conocimiento’, dotados de un alto nivel de formación y especialización, capaces de entender problemas complejos, preparados para dar respuesta a las nuevas necesidades y estructuras competitivas del mercado, y como recordaba José Antonio Garrido en su investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Deusto, “siempre dispuestos a aprender cosas nuevas”.

Un nuevo entorno
El nuevo entorno empresarial, altamente competitivo y caracterizado por ciclos de producción cada vez más cortos, en los que calidad, servicio e imagen han ido adquiriendo una mayor importancia, obliga a las organizaciones a ir reestructurando procesos, a eliminar costes, a incrementar las ideas innovadoras, a convertir la satisfacción del cliente en la única razón de existir para la empresa, y a contar con unos profesionales cada vez más cualificados y capacitados. Estamos a comienzos de la década de los 90, en el umbral de un nuevo milenio y, al contrario de lo que ocurría en el sistema de producción industrial, en la nueva era del conocimiento la consecución de la ventaja competitiva deja de estar ligada a la obtención de economías de escala para pasar a depender de la flexibilidad de las empresas, que se fijarán la mejora de la calidad y la respuesta a las necesidades del mercado como principales objetivos. Crear valor para el cliente fue la visión del ingeniero vasco José Ignacio López de Arriortúa. Sus teorías sobre el nuevo paradigma que situaba a la persona y su creatividad como principal activo de cualquier organización llenaron páginas y páginas en los manuales del management. Excelente comunicador, Lopez de Arriortúa trataba de convencer a su audiencia de que “ante cualquier duda, siempre deberá escucharse la voz del cliente, a través de cualquiera de las técnicas que miden su satisfacción, puesto que será él quien proporcione el éxito y la prosperidad a la empresa”. “El entusiasmo del cliente –agregaba ‘Superlópez’– se consigue canalizando la creatividad de todos y cada uno de quienes colaboran en el proyecto. Si se pone la suficiente energía, el proyecto triunfará”.

Hacia la organización inteligente
Efectivamente, se constata que el nuevo mercado exige a las empresas capacidad para servir a sus clientes de una forma rápida y eficiente, para proporcionar productos y servicios de mayor calidad, para gestionar el cambio continuo y para buscar el desempeño óptimo de una fuerza laboral decreciente en su número y creciente en su capacitación. “Por si esto fuera poco –afirmaba la vicedecana de la ESTE Olga Rivera–, los instrumentos de gestión que venían empleándose hasta la fecha han quedado de pronto obsoletos, porque si hasta ahora se gestionaba la estabilidad, ahora se ha pasado a gestionar un cambio permanente, acelerado e interdependiente, una nueva realidad que devuelve toda su importancia al individuo”.
Para asegurar su supervivencia, el gestor deberá llevar en las alforjas las claves para hacer frente a la internacionaliización, para saber adaptarse al cambio, para anticiparse a la competencia, para desaprender y volver a aprender, para conocer sus recursos, optimizarlos y trabajar en equipo, para gestionar la innovación. Deberá incorporar a su portafolio la teoría y práctica de la Reingeniería de Procesos, de la Calidad Total, del Trabajo en Equipo, el Benchmarking, la Información, el Marketing y las Nuevas Tecnologías, herramientas básicas de la nueva era empresarial, sin olvidar la conveniencia de aprovechar cada miligramo de inteligencia existente en la organización para colocarla al servicio de un proyecto común y hacer de la empresa la ‘organización inteligente’ que preconizaba el gurú del management norteamericano Peter Drucker.

Nace una nueva industria
Parece evidente, y así lo apuntan los expertos, que ha llegado el momento de acometer todo un cambio cultural y estructural en el seno de la empresa a partir de las herramientas que en cada caso mejor se adapten a la organización interna y a los objetivos de la empresa, porque como recordaba un experto, “para gestionar la innovación no se aprietan todas las tuercas con la misma llave”. En el País Vasco, donde los recursos naturales nunca han supuesto una ventaja diferencial con respecto a otros mercados y donde se ha demostrado que únicamente un dinamismo empresarial puede llevar a mejorar posiciones de competitividad, el tejido empresarial pronto fue consciente de los grandes cambios que se avecinaban en el panorama competitivo.
Y a pesar de que la gestión es tan antigua como el hombre, empresarios y directivos fueron conscientes de sus importantes lagunas en materia de pensamiento estratégico, de gestión de la innovación o de los recursos humanos, de incorporación de sistemas de producción eficaces, de su inexperiencia en materia de internacionalización, en sistemas de calidad o en orientación al cliente.
La respuesta a esta creciente demanda de ‘in-puts’ en gestión de un intangible como el Conocimiento la proporciona una emergente industria integrada por universidades, escuelas de negocios, empresas de ingeniería y consultoría, centros tecnológicos y medios de comunicación especializados que, juntos, constituyen una sólida cadena de valor capacitada para crear, modelizar, adaptar, difundir y aplicar los conocimientos que dan soporte a la función de dirección y gestión de las organizaciones públicas y privadas.

El Cluster del Conocimiento
En Euskadi, quien se encargó de poner en contacto esta oferta y demanda de Conocimiento, creando una plataforma de encuentro para ello, fue el Gobierno vasco, a través del Plan de Política Industrial. Lo hizo poniendo las bases del Cluster del Conocimiento, una iniciativa inédita y pionera, objeto de estudio por muchos analistas nacionales e internacionales, con la que se pretendió contribuir a mejorar la competitividad de la propia industria del Conocimiento y, por derivada, la del resto del tejido industrial y del país, tratando de desarrollarla como área de negocio, al tiempo que lograr un compromiso de mejora continua de todos los agentes implicados en la actividad económica.
El Cluster del Conocimiento se ponía en marcha en 1996 con un total de 51 empresas y organismos asociados e integrando, en su horizontalidad, a todos los agentes de la cadena de valor generadores de conocimiento, así como a sus demandantes, es decir, a la Administración y la Empresa. El objetivo del Cluster del Conocimiento fue tratar de mejorar la forma de llevar a cabo la gestión en las empresas vascas y ayudarles en su ineludible transición de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. Y todo ello en un momento en que el propio término de Conocimiento era aún patrimonio exclusivo de unos pocos pioneros de la nueva gestión empresarial. Tal y como recordaba el consejero de Industria Josu Jon Imaz cinco años después, el Conocimiento pasó a ser posteriormente un vocablo “si no equívoco, sí cuando menos cuestionado en función de perspectivas más o menos particulares, para terminar siendo finalmente una denominación con perfiles profesionalmente tan definidos como socialmente aceptados”.
El cluster, que en la actualidad cuenta con 176 socios, mantiene desde sus orígenes tres objetivos principales: mejorar la competitividad de la industrial del conocimiento, atraer nuevas compañías a este área de negocio y lograr un compromiso por parte de aquellas empresas e instituciones involucradas en el proceso para la mejora continua de su competitividad. En este sentido, el Cluster ha sido desde el principio el dinamizador por excelencia de un sistema organizado de captación y difusión de nuevo conocimiento en gestión. Ha capitaneado numerosas iniciativas y proyectos encaminados a promover la mejora de la competitividad de las empresas a través del análisis y difusión de nuevos modelos y tendencias. El Cluster ha actuado como antena prospectiva de los grandes movimientos internacionales, viajando a centros de excelencia en gestión, estableciendo acuerdos con renombradas instituciones y organizando conferencias internacionales acerca del futuro de la gestión.
La actividad desarrollada por el Cluster ha conseguido atraer hacia Euskadi la atención internacional, aguijoneando la curiosidad y el interés por conocer la realidad empresarial vasca de muchos organismos y entidades, entre ellas la del prestigioso Japan Advanced Institute of Science and Technology que dirige el ilustre profesor Ikujiro Nonaka. En el orden interno, ha desarrollado grupos de trabajo para generar nuevos cursos en gestión así como modelos, herramientas, investigaciones que ha difundido merced a una intensa actividad editora. Los ‘Casos de Empresas avanzados en gestión’ constituyen uno de los ejemplos más fehacientes de esta labor. 

Paso a los nuevos emprendedores 
La última década ha sido también ejemplo en Euskadi del renacimiento de un espíritu emprendedor del que el pueblo vasco ha hecho gala a lo largo de la historia y que se volvía a poner a prueba en los difíciles años de la crisis que siguió al desmantelamiento industrial. Desde el Ejecutivo autónomo, las diputaciones forales y desde los ayuntamientos, se pusieron en marcha programas de impulso y apoyo a la creación de nuevas empresas, favoreciendo el establecimiento de ayudas económicas y de asesoría técnica y profesional a los nuevos emprendedores. 
El Departamento de Empleo del Gobierno vasco creaba el Servicio Vasco de Intermediación Laboral-Egailan y el Servicio vasco de Colocación-Langai, con el propósito de garantizar una efectiva aplicación de la política de empleo en Euskadi. En menos de diez años, el País Vasco pasaba de contar con una tasa de desempleo del 25% a situarse en el 9%, medio punto por encima de la Europa del euro, aunque con una tasa importante de paro juvenil, cifrado en la actualidad en el 21%.
Precisamente en los colectivos más desfavorecidos –jóvenes, mujeres y parados de larga duración– se han centrado en los últimos diez años las políticas activas de empleo desarrolladas por la Administración vasca en todas sus escalas. Las instituciones locales más próximas a las necesidades y realidades de sus ciudadanos, van cobrando cada vez mayor protagonismo como entidades generadoras de riqueza, de puestos de trabajo y de reparto de bienestar social por cuanto van adaptando sus políticas a la realidad de su entorno, se crean organismos como Lan Ekintza-Bilbao para dinamizar el empleo en la capital vizcaína. En este contexto surgen las Agencias de Desarrollo locales y comarcales y con ellas la necesidad de configurar un lugar común para todas ellas en el que poder intercambiar información, ofrecer apoyo y generar sinergias. De esta forma nacía en 1992 la Asociación Vasca de Agencias de Desarrollo–Garapen que en los últimos diez años ha contribuido a la creación de 3.097 empresas y más de 5.800 puestos de trabajo.
Su labor se ha visto complementada de manera importante con la actividad desarrollada, entre otras, por behargintzak, Centros de Empresa e Innovación como Beaz y Cedemi en Bizkaia o Bic Berrilan en Gipuzkoa, dependientes de los departamentos forales de Promoción Económica de los distintos territorios; o por entidades públicas como Dema. La participación de la iniciativa privada en el apoyo a la generación de empleo y de nuevas iniciativas empresariales durante los últimos años ha tenido como principales protagonistas a las fundaciones BBK Gazte Lanbidean Fiundazioa y Gaztempresa de Caja Laboral que han destinado importantes esfuerzos económicos y humanos en el apoyo a los jóvenes. 

Ganar en seguridad
Contribuir a hacer de cada puesto un lugar seguro para trabajar ha sido otro de los objetivos primordiales de la gestión empresarial en los último años. La nueva Ley de Prevención de Riesgos Laborales marcaba en 1995 un antes y un después en las exigencias y responsabilidades en materia de seguridad y salud en el trabajo. Los índices de siniestralidad laboral en el País Vasco y en el Estado eran en 1996 los más altos de Europa. Según datos del Departamento de Trabajo del Ejecutivo vasco, la CAV registró en 1996 un total de 41.148 accidentes laborales, un 4,7% más que el año anterior y se perdieron, en consecuencia, 1.250.000 jornadas de trabajo.
La nueva Ley, más preventiva que correctora, ha conseguido limar los picos estadísticos de la siniestralidad pero no ha terminado con ella. El Gobierno vasco, a través de Osalan, ponía en marcha un importante Plan de Choque centrado en las empresas con mayor índice de accidentes laborales que en la actualidad empieza a arrojar sus primeros frutos. Así, el pasado 2002, las 1.911 empresas tuteladas redujeron en un 14,5% su índice de accidentes de trabajo y en más de un 60% el número de accidentes mortales. Esta prioridad se verá aumentada ya que el Gobierno vasco quiere que en los próximos tres años la mitad de la población trabajadora del País Vasco esté sometida al Plan de Siniestralidad de Osalan, en una apuesta firme por ganar en seguridad y salud en el puesto de trabajo.
 

HACIA UN APRENDIZAJE PERMANENTE DE CALIDAD Y PARA LAS PERSONAS
Lograr niveles de educación y calificación más altos en todos los sectores, garantizar una formación de calidad y asegurar al mismo tiempo que los conocimientos y las capacidades de los ciudadanos y ciudadanas se ajustan a las transformaciones del momento, a los requisitos y necesidades personales y laborales es uno de los retos más importantes a los que se enfrentan las administraciones públicas europeas en la triple vertiente social, educativa y económica. Esa es la apuesta común por el Aprendizaje Permanente, una apuesta en la que el Gobierno vasco ha sellado su propio compromiso y en cuyo desarrollo viene trabajando desde hace más de una década. 
“El Aprendizaje Permanente a lo Largo de Toda la Vida, –afirma la Consejera de Educación, Universidades e Investigación, Anjeles Iztueta–, debe garantizar que los ciudadanos y las ciudadanas europeas tengan las mismas oportunidades para adaptarse a las demandas que impone la trepidante transformación social y económica y, de este modo, poder participar activamente en la construcción del futuro de Europa”. La Consejera de EA ha establecido toda su estrategia de Legislatura desde el convencimiento de que una Euskadi vertebrada, avanzada y con perspectivas de futuro, debe incorporarse plenamente al nuevo escenario mundial de la sociedad del conocimiento. 
En esa filosofía de trabajo se enmarca el Primer Congreso Internacional sobre Aprendizaje Permanente organizado por el Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco y celebrado el pasado mes de marzo en Bilbao. Este Congreso, iniciativa pionera en el mundo, reunió a más de 600 profesionales y expertos procedentes de 23 países, 19 Regiones Europeas y 15 Comunidades Autónomas para debatir e intercambiar experiencias sobre el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida. A lo largo de esta cumbre internacional se puso de manifiesto que las políticas de educación y formación para el empleo desarrolladas en los últimos años en Euskadi, autentico referente y motor europeo en materia de Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida, han anticipado esta nueva exigencia de la sociedad y, de un mercado laboral en continua transformación. Así, el Plan Vasco de Formación Profesional aprobado en abril de 1997, concebido y definido con una perspectiva global e integrada de las cualificaciones de la Formación Profesional, ha conseguido, elevar la calidad de la formación impartida y, en consecuencia, la cualificación del alumnado; incrementar su nivel de empleabilidad hasta la cota del cien por cien en muchas especialidades; y, además, dignificar un sistema formativo al que antes sólo optaban los desahuciados por la formación superior. 
En la actualidad el 50% de los/as alumnos/as que cursan enseñanza secundaria en la CAV opta por alguno de los ciclos de la Formación Profesional. El resto, encaminan sus pasos a la Universidad. Una Universidad que aspira a alcanzar la máxima cota de calidad e integración en el sistema europeo apoyándose para ello en una nueva ley, la Ley del Sistema Universitario Vasco, elaborada desde el reconocimiento a la importante labor, al servicio que prestan a la sociedad vasca todas las universidades de nuestra comunidad: la publica, la privada, de la iglesia y otras que puedan crearse en el futuro. Los objetivos a los que punta esta ley son Europa como ámbito de integración y actuación de las universidades vascas, un Sistema Universitario Vasco, Plurilingüismo y consolidación del Euskera como lengua de uso universitario, Recursos suficientes y gestionados con responsabilidad, Flexibilidad en la contratación y Calidad. A partir de la universalidad del conocimiento, se pretende regular e incorporar el Sistema Educativo Vasco en el Sistema Europeo de la Enseñanza Superior. Configurar y hacer realidad un Sistema Universitario Vasco articulado e integrado al servicio de la sociedad y que, aprovechando las sinergias, haga posible una internacionalización efectiva, situé a nuestras universidades en cotas de calidad de lo países europeos de nuestro entorno. Conscientes de que la tarea de formación ya no termina en la diplomatura o en la licenciatura sino que la exigencia de nuevos conocimientos genera una necesidad continua de aprendizaje permanente a lo largo de toda la vida para un futuro de bienestar y de calidad, el reto hoy en día es configurar esa nueva realidad. 
Después de una década de enormes avances en materia de formación universitaria, profesional, continua, ocupacional, avances en materia de investigación e innovación, desde el Departamento de Educación, Universidades e Investigación que dirige Anjeles Iztueta se aboga por educar para construir una sociedad que responda a las necesidades de nuestro país, Euskal Herria, y que lo haga con parámetros de calidad, modernidad e internacionalización. Una sociedad integradora y solidaria que ofrezca a todas las personas las mismas oportunidades para acceder a un aprendizaje de calidad durante toda la vida. Una sociedad cuyas normas, prioridades y objetivos tengan como origen, medio y fin al ser humano, a las necesidades y expectativas de las personas.

 
 

EL LARGO RECORRIDO DE LA CALIDAD A LA EXCELENCIA
El País Vasco ha registrado en la última década un crecimiento exponencial en materia de calidad, colocándose a la cabeza del Estado y de Europa tanto en certificaciones como en la aplicación del modelo europeo EFQM de gestión. De las apenas 40 organizaciones que en 1992 contaban con la ISO 9000 se pasaba en 2003 a las 2.800 certificadas, con un crecimiento sostenido de 400 nuevas empresas al año. Extender los principios de la calidad total a todos los ámbitos de actividad como única forma de gestionar las organizaciones en clave de competitividad y de innovación constituye el reto para el decenio que viene. Se ha recorrido un largo camino desde que en 1992 el Gobierno vasco pusiera en marcha el programa de Promoción de la Calidad en el Sector Industrial de la CAPV (PPCSI), una apuesta por el modelo europeo de excelencia y las mejores prácticas de gestión contenidas en el modelo EFQM. Diez años después se constata que la sociedad vasca no se ha detenido en la obtención de la certificación de calidad de un producto o servicio y que la apuesta ha ido mucho más allá, en un proceso de mejora continua en pos de la excelencia. Tres empresas vascas galardonadas con el premio europeo de la Calidad; once organizaciones distinguidas con la Q de Oro y 32 con la de Plata que anualmente otorga el Gobierno vasco, avalan el avance registrado en este terreno. La década de los 80 supuso el inicio de una enorme sensibilización en las empresas sobre la cuestión de la calidad debido, en parte, a la aportación de autores insignes como Deming, Crosby o Monden, cuyas teorías fueron ampliamente desarrolladas y con éxito, en la industria japonesa. A finales de los 80 empezaban a certificar sus sistemas de aseguramiento de la calidad las primeras empresas españolas, primero en el sector industrial, después y de forma generalizada, en el de Servicios. Los primeros casos obedecieron con toda probabilidad a las exigencias de un mercado que empezaba su proceso de globalización y que ponía las pautas de unos determinados estándares a proveedores. Después, la cultura de la calidad se fue imponiendo dentro de cada organización como una herramienta de gestión para asegurarse la supervivencia y la competitividad.
Enmarcada dentro del Programa se Promoción de la Calidad auspiciado por el ejecutivo autónomo, en 1993 veía la luz la Fundación Vasca para el Fomento de la Calidad –actualmente Euskalit, organismo que durante los últimos diez años ha sido el auténtico motor y tractor de esta cultura denominada de la calidad Total. Entidad sin ánimo de lucro, Euskalit ha centrado su actividad en la difusión de la cultura de la Calidad Total, en la formación y el apoyo para la acción a empresas y organizaciones. Ha contado para ello con la colaboración de más de 160 organizaciones, empresas industriales, y de servicios, centros educativos, asociaciones sin animo de lucro, consultorías, corporaciones locales y centros asistenciales. Su labor continuada ha hecho posible que Euskadi cuente hoy con empresas orientadas hacia los resultados, que persiguen la satisfacción de las expectativas de sus grupos de interés, tanto clientes como proveedores, empleados, accionistas y, especialmente el entorno que les rodea; orientadas al cliente y que trabajan en la satisfacción de sus expectativas; lideradas por personas que inspiran claridad y unidad en sus objetivos y que facilitan los medios necesarios para que las empresas que integran la organización alcancen la excelencia. Ha hecho posible que Euskadi hoy sea sinónimo de calidad.