MUNDO FINANCIERO
 
Por Gonzalo Sáenz

La consolidación del 
sistema financiero

El mundo financiero de 2003 no tiene nada que ver con la situación que vivía el sector hace ahora diez años. Hoy estamos en una sociedad de tipos de interés mínimos, con una moneda –fuerte y común para los europeos- que nos defiende de situaciones comprometidas. Hasta los propios bancos y cajas se han transformado en enormes grupos, algunos con intereses transnacionales, que venden todo tipo de productos financieros y a través de todo tipo de canales de distribución. En definitiva, el sector financiero no tiene casi nada que ver con el de 1993.

El sistema financiero español ha dado un vuelco en los últimos diez años. Han cambiado los nombres de bancos y cajas, ha aparecido alguno nuevo, incluso se ha modificado la titularidad de alguno de ellos. Hay menos oficinas de bancos, pero muchas más de cajas. La banca extranjera, en cambio, sigue sin dar muestras de empuje; igual que en 1993. En definitiva, el sector se ha profesionalizado: con menos puestos de trabajo, se ofrecen más y mejores servicios. 
La clave está en los nuevos sistemas de tecnologías de la información: permiten en la actualidad que más de la mitad de las operaciones se realicen automáticamente, sin necesidad de que intervenga el personal de la entidad. Ello implica desplazar a la mayor parte de los empleados a tareas comerciales, tarea encomendada ahora a casi el 80% de la masa laboral, frente al 20% que se dedica a tareas administrativas o servicios centrales, justo al revés que hace 10 años. Con ello se permite que los ratios de eficiencia del sistema financiero español se sitúe entre los más bajos del continente, para envidia de los competidores europeos. 
Ahora, bancos y cajas ofrecen todo tipo de productos financieros, además de los tradicionales créditos o depósitos. Así, venden a través de su red de oficinas seguros, fondos de inversión y de pensiones, tarjetas, además de otros servicios de valor añadido. Precisamente, los nuevos productos ofertados por el conjunto del sistema financiero han compensado de forma importante la caída de los márgenes comerciales hasta mínimos históricos, márgenes que eran el pan diario de bancos y cajas. De hecho, sólo hay que recordar que a comienzos de 1993 los tipos oficiales de interés estaban en el 11% ¡casi 800 puntos básicos por encima del nivel registrado a finales del pasado mes de enero!.
La estructura del sistema financiero en 1993 pasaba, por tanto, por unos préstamos a tipos enormes: del 14% en las cajas y del 13% en los bancos, mientras que los depósitos se remuneraban en torno al 2,5% (el equivalente hoy a la rentabilidad de los bonos a tres y cinco año). No es de extrañar que bancos y cajas tuvieran hace diez años sus momentos dorados en cuanto a negocio: vivían casi exclusivamente de márgenes comerciales cercanos al 10%, algo impensable hoy y sólo alcanzable por las filiales sudamericanas de los dos grandes bancos del sistema. A cambio, la morosidad era alta: en torno al 7% (del 30% en el caso de Banesto justo antes de su intervención). Estos datos no tienen nada que ver con el nivel mínimo histórico actual, inferior incluso al 1% (cuando la media actual en Europa se sitúa por encima del 2,5%). 
Otro elemento de interés de la situación del sistema financiero en 1993 era el inicio de las turbulencias monetarias que vivió la peseta en el último gobierno socialista de Felipe González. Entonces, el valor de la peseta se había anclado al marco, provocando una situación irreal de divisa fuerte, en comparación con el resto de monedas europeas y respecto del dólar norteamericano. Posteriormente, entre 1994 y 1995, la voladura en etapas del sistema monetario europeo provocó hasta tres devaluaciones de la peseta, con una pérdida de valor algo superior al 25%. Evidentemente, de esta situación se aprovecharon bancos y cajas que hicIeron buenas operaciones contradivisa. El último elemento característico del sistema financiero español a mediados de la década de los noventa es el inicio de la expansión de bancos y cajas tanto en tamaño, como en mercados geográficos. En el mundo de la banca, los bancos Bilbao y Vizcaya, formaban desde hacía tres años el BBV. Del mismo modo, los antiguos Central e Hispano Americano se habían fusionado en el SCH. Por su parte, Banesto estaba a las puertas de su intervención por parte del Banco de España en un proceso que ponía fin a la carrera de un especulador nato, como es el caso de Mario Conde. 
El principal beneficiario de esta operación fue el Santander de Emilio Botín, que iniciaba su fase expansiva y atacaba directamente a los dos grandes ya citados anteriormente. Por su parte, la banca pública también se concentraba en 1993, tarea encomendada a Francisco Luzón. La creación de Argentaria era fruto, por tanto, de la integración del Banco Exterior, la Caja Postal y el Banco de Crédito Local, e implicaba además, el inicio de fuertes saneamientos en la entidad resultante. Posteriormente, se producía el inicio del desembarco en Sudamérica de los dos grandes, BBV y Santander, fusionados respectivamente con Argentaria y SCH. Dos ‘monstruos financieros’ con un balance cercano en ambos casos a los 300.000 millones de euros. Ambos grupos disponen hoy en España de una cuota superior al 35% y cercana al 17% en Latinoamérica. De hecho, esta estrategia expansiva, con un coste para ambos bancos superior a los 35.000 millones de euros ha supuesto innumerables ventajas, vía beneficios, en los momentos de vacas gordas del sector. Sin embargo, en el momento de crisis generalizada ha penalizado sus respectivos balances con un coste enorme, vía provisiones y saneamientos. 

Evolución de las cajas 
En el lado de las cajas, el sector caminaba en dos frentes. Por un lado, comenzaba el proceso de consolidación de las fusiones acometidas a principios de los años 90, particularmente activo entre las cajas con dos cajas en una misma provincia, como por ejemplo en el caso vasco. A mediados de los años 80, el sector acogía a unas 80 cajas de ahorros, cantidad reducida a unas 60 en 1993 y a tan sólo 46 a comienzos de este mismo año. Este proceso implicaba en un primer momento la simplificación de estructuras, con el consiguiente cierre de oficinas duplicadas en las zonas de mercado doméstico. El segundo elemento de análisis de la situación de las cajas se produce unos años antes, concretamente en 1987, con la aprobación de la normativa que permitía a las cajas la apertura de oficinas fuera de su territorio natural, primero en un número limitado y posteriormente sin ningún tipo de restricciones. Con este cambio normativa, las grandes cajas, incluidas las vascas, comienzan a partir de principios de los 90 a abrir oficinas con sus propios logos; en un inicio en las grandes ciudades y después por toda la geografía española. Se produce de este modo, un vuelco del panorama del sector financiero en España, por lo menos en cuanto al número de oficinas instaladas. En 1993, los bancos disponían de una red de casi 18.000 puntos de atención, por 14.500 sucursales en el caso de las cajas. En 2003, la concentración en la banca y el consiguiente cierre de oficinas para mejorar costes de explotación y, en segundo término, la decidida apuesta de las cajas por ampliar sus mercados tradicionales, se plasman en que los bancos disponen de 14.000 oficinas, frente a más de 20.000 de las cajas (además de las 4.200 de las cooperativas de crédito).
Esta nueva situación implica a su vez el reparto de las cuotas de mercado. En este sentido, es importante destacar que el conjunto de la banca disponía de una cuota cercana al 60% tanto en depósitos como en créditos, frente a un 40% de cajas y cooperativas de crédito. Hoy, la situación en la actualidad es prácticamente la inversa, con unas cajas que han alcanzado su techo de mercado gracias sobre todo a la fuerte expansión del crédito, sobre todo hipotecario, que ha revolucionado el sector en cuanto que es la vía de captación de nuevos clientes. Esta estrategia ha empezado a copiarse también por el conjunto de los bancos en los últimos años hasta el punto que este segmento de negocio significa una vía importante de arañar mercado. De hecho, hace algo más de diez años, casi ningún banco tenía entre su gama de productos ofertados los préstamos hipotecarios, modalidad que era coto particular de las cajas, mientras que en la actualidad, esta actividad contribuye de forma importante a paliar la estrechez de márgenes existente en la actualidad. 

Nuevos competidores 
Lo cierto es que la expansión de las cajas implica también un aumento de competidores, en tanto que añade nuevos actores con productos muy ventajosos. Esto se ha visto con fuerza en el País Vasco con la irrupción de la mayor parte de las cajas nacionales, algunas con una fuerza importante, como es el caso de La Caixa, que dispone en la zona de una cuota cercana al 3% con una red de más de 160 oficinas. A mucha más distancia se encuentran firmas como Caja Madrid, Bancaja, Caixa Galicia, o Bancaja, por citar algunas de las que operan en la Comunidad Autónoma. Pero también ha habido un proceso contrario, con la apertura de las cajas vascas fuera de su mercado doméstico, eligiendo como vía de entrada la citada estrategia de los créditos hipotecarios, que posteriormente se amplía a otros productos financieros. En la actualidad BBK, Kutxa, Caja Vital y Caja Laboral disponen, conjuntamente, de más de 200 oficinas (de alrededor de 900) fuera del mercado vasco-navarro, sus áreas tradicionales de mercado. Las más activas han sido sin duda alguna BBK, Kutxa y Caja Laboral. 
Las dos primeras se han extendido a zonas de Madrid, Cataluña, zona centro, Levante y Cantabria. La cooperativa del grupo Mondragón ha puesto de moda su modelo de expansión, en forma de mancha de aceite, con presencia primero en La Rioja y Castilla y León, y posteriormente a Aragón. Caja Vital sigue un proceso más modesto, con algo más de una quincena de puntos de venta en zonas de Madrid, Castilla y León, Aragón y Cantabria, al final de su plan estratégico en 2004. Se prevé que a medio plazo, las oficinas en las nuevas zonas de expansión aporten al balance alrededor de la tercera parte del nuevo negocio captado, según los responsables de las entidades vascas. Además de la expansión de las cajas vascas, es necesario señalar la positiva evolución que han tenido en el área de participaciones industriales como vía para compensar la caída de márgenes ya comentada y apoyo de la industria vasca. BBK y Kutxa, las más activas del sector en Euskadi, han destacado en los últimos diez años en su apuesta por los mercados energético y de telecomunicaciones. En conjunto, la suma de sus carteras industriales superaba a finales del pasado mes de diciembre los 2.500 millones de euros. En este sentido hay que señalar que en su día compraron cada una a precios ahora irrisorios, sendos paquetes accionariales cercanos al 4% del capital de Airtel. Con el desarrollo de la firma de telecomunicaciones, se dispararon las plusvalías hasta cotas cercanas a los 1.500 millones de euros en cada caso. Posteriormente, con la compra de Airtel por el gigante Vodafone permutaron sus acciones por sendas participaciones cercanas al 1% en la matriz del grupo británico. A pesar de la caída de la bolsa de los últimos años, estos fondos han permitido a BBK y a Kutxa obtener anualmente enormes beneficios y adquirir nuevas participaciones en otras compañías. La BBK está presente en el capital de Euskaltel, Auna, Petronor, Iberdrola, Gas Natural, CAF, Europistas, Azkar, BBVA, y Banco Guipuzcoano, entre otras. Por su parte, Kutxa participa en firmas como Repsol, Auna, Euskaltel, Banco Guipuzcoano, OHL, Zeltia, Europistas, CAF, entre otras firmas. 

Nuevos canales y productos 
Otro elemento de interés acontecido en los últimos diez años es la modernización de sector financiero con la aparición de nuevos canales de ventas como Internet o el canal telefónico y que está a punto de eclosionar en España, con un negocio que en la actualidad mueve algo más de 12.000 millones de euros. Los nuevos canales permiten ampliar los límites de actuación incluso a las entidades más pequeñas ya que las fronteras físicas se eliminan. Si bien es cierto que las inversiones iniciales son muy importantes, tampoco hay que desestimar que alcanzado un nivel de equilibrio los costes de explotación son muy reducidos. En la modernización del sector se aprecia, igualmente, una marcada segmentación de los clientes. En los últimos diez años ha irrumpido la banca privada, dirigida a los segmentos de rentas más altas y que mueve un negocio en España cercano a los 85.000 millones de euros. A pesar de la elevada cifra, todos los expertos coinciden en señalar que en la actualidad este segmento de negocio sólo cubre la cuarta parta de las necesidades existentes, por lo que auguran un futuro muy prometedor. De hecho, se ve en el desembarco de bancos extranjeros del sector, o bien, en la propia creación de unidades especializadas por parte de bancos y cajas españoles. 
Por último, el sistema financiero ha ampliado su razón de ser, con la incorporación de nuevos productos a su oferta de servicios. En realidad, se observa una bancarización de productos externos como es el caso de seguros, planes de pensiones y fondos de inversión, motivado, en parte, por los altos márgenes aportados a las cuentas de resultados. En el primer caso, bancos y cajas gestionaban a finales del pasado año alrededor de la mitad de los más de 40.000 millones de euros captados en nuevas primas, cantidad que multiplica casi por cuatro el nivel gestionado a finales de 1993. Igualmente, bancos y cajas han comenzado a ofrecer servicios de valor añadido tanto para particulares como para empresas, como es la gestión de tarjetas financieras, la gestión de cobros (o factoring), o bien formas de arrendamiento financiero como el leasing o el renting. Estas nuevas figuras financieras, inexistentes hace diez años en la oferta de bancos y cajas, ofrecen a las entidades financieras importantes beneficios en cuanto que se aprovechan de la demanda que llega de la propia red de sucursales de las firmas. 
 


LA BOLSA IMITA A LA MONTAÑA RUSA
Subidas de vértigo; caídas sin freno. Igual que una montaña rusa. La diferencia es que en este caso hablamos de nuestro bolsillo. Este es un resumen apresurado de la evolución de la Bolsa de los últimos diez años. Un período fructífero desde el punto de vista de desarrollo de nuevos productos financieros (fondos de inversión y seguros), que ha coincidido con la aparición de la moneda única europea, así como con la profesionalización del sector. 
Sin embargo, también se han producido importantes tropezones, sobre todo en la rentabilidad de los activos (especialmente en los últimos tres años desde que se ha desinflado la burbuja especulativa), así como varios sustos de órdago como los vividos tras la crisis de las monedas asiáticas en 1997, o el miedo posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001. En medio, los pequeños inversores siempre con el pie cambiado. Pero, vayamos por partes. Para explicar la evolución de los mercados bursátiles hay que diferenciar claramente dos etapas: la primera se sitúa entre los años 1996 y 2000, momento en que mentar a la Bolsa era hablar del éxito asegurado, grandes volúmenes de negocio y llegada masiva de los pequeños ahorradores a los mercados bursátiles. Fue la época de los grandes ‘pelotazos’, con ganancias en el Ibex superiores al 25% anual (e incluso del 40%). 
Los expertos atribuyen este éxito a la confluencia de varios factores como es la drástica reducción de los tipos de interés en España en el proceso de confluencia de la peseta hacia el euro, que permitió la llegada de enormes sumas de dinero a la Bolsa buscando mejores rentabilidades. Coincidió también el momento cumbre en las privatizaciones de las empresas públicas y la aparición del denominado ‘capitalismo popular’. Al mismo tiempo, los grandes valores españoles (algunos en proceso de concentración como es el caso de los dos grandes bancos) realizaban fuertes inversiones en Latinoamérica. Por último sectores tan dinámicos como las telecomunicaciones descubrían el mundo Internet, el nuevo ‘Eldorado’, según decían. Todo este mundo idílico acabó en la primavera de 2000. La especulación bursátil reinaba a sus anchas y el mercado se concienció que las subidas desmesuradas no se podían mantener en el tiempo. Desde entonces la Bolsa no ha parado de bajar perdiendo hoy casi un 60% desde sus valores máximos. Pese a los temores, no ha habido un crack bursátil. El globo se ha ido deshinchando en etapas, aunque en medio, la bolsa española ha perdido más de 150.000 millones de euros en capitalización bursátil, atrapando a miles de ahorradores que no ven el momento de salirse de la Bolsa. Relacionado con esto último se ha producido también una transformación de la forma de acceder a la Bolsa, con la aparición de ‘brokers’ de bolsa profesionalizados. Todos los grupos financieros disponen de sus propias casas de bolsa. También han aparecido muchas firmas de bolsa extranjeras, sin olvidar el nuevo fenómeno de la contratación de valores a través de casas virtuales, con unos costes mínimos y con una capacidad de operación enorme. Todo ello para dar servicio a las cada vez más numerosas personas que han acudido a la Bolsa en busca de una rentabilidad que los depósitos bancarios no daban.
Igualmente, en los últimos años se ha asistido a una revolución en la estructura de los mercados bursátiles en el sentido de que se ha pasado de mercados locales (bolsas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia) a la oferta de servicios conjuntos (mercado continuo) para confluir definitivamente en un holding de mercados y valores que aglutina desde finales de 2002 a los segmentos de renta fija, renta variable, derivados y liquidación de valores de todo el territorio nacional.